Otras pequeñas resistencias / Irini Pitsaki  
Prólogo

Muchas antologías se prologan con largas justificaciones de porque el cuento es, en cuanto que género literario, tan defendible como la novela.  Es verdad que en una narración breve el autor ha de poner en juego sus virtudes literarias en el sobrio marco de unas cuantas páginas. Algo que, sin duda, supone un interesante desafío. La antología que aquí da comienzo, además de sumarse al acto de fe en la valía de un género de injusta marginalización, viene a cumplir otra misión igualmente importante: la de presentara un grupo de excelentes autores portavocesde una literatura prácticamente desconocida en España, la literatura griega contemporánea. Desde esta misma editorial, vimos publicado el interesante volumen dePequeñas resistencias: antología del nuevo cuento español[1], en cuya contraportada leíamos: “Ésta es una antología militante. Una antología que se manifiesta apasionadamente a favor del cuento”. Y esta misma, la que el lector tiene en sus manos, además del cuento es apasionadamente militante de la literatura griega. Los escritores de este país, por expresarse en un idioma minoritario, alejado de las principales redes de la industria editorial internacional, no logran ser leídos por un público más amplio que el de su propia nación.

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Siendo el propósito principal de este volumen la iniciación en la obra de escritores destacados, se decidió que todos los candidatos habrían de ser editados en España por primera vez, en cualquiera de los idiomas que se hablan en el país. Éste fue el primer criterio aplicado en el proceso de selección. El segundo, estrechamente ligado al anterior, consistía en escoger autores con obra madura y completa; es decir, autores que contasen con varios trabajos realizados y que estuvieran publicando actualmente con cierta periodicidad (aproximadamente, un mínimo de un libro editado cada dos años). Se determinó también que los autores no lo fuesen exclusivamente de narrativa breve. Incluso los que no han de faltar en ninguna antología de nuevo cuento griego, como Sotiris Dimitriou (Premio Diavazo de Cuento 1998) y Misel Fais (Premio Nacional de Cuento 2000), son escritores cuyas novelas han gozado de gran repercusión. Por otra parte, en casos como los de Dimitris Nollas (Premio Nacional de Cuento 1983, Premio Nacional de Narrativa 1993, Premio Diavazo de Cuento 1996) y Menis Koumandaréas (Premio Nacional de Cuento 1967 y 1997, Premio Nacional de Narrativa 1976 y 2002) no resulta fácil hacer una separación entre su cualidad de escritores de novela y cuento. Incluso otros, como Ersi Sotiropoulos (Premio Nacional de Novela 2000), Vassilis Gouroyannis, Sirana Sateli (Premio Nacional de Novela 1994 y 2002), Antonis Sourounis (Premio Nacional de Novela 1995) y Yoryis Yatromanolakis, destacados por sus novelas, nos han dado y siguen dándonos con regularidad auténticas perlas de narrativa breve; razón por la cual no podrían tampoco faltar en esta antología. Todos ellos han publicado al menos una antología personal de cuento en el curso de su trayectoria. Se trata, en definitiva, de diez escritores que brillan con luz propia en el firmamento literario griego de hoy[2].

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Una vez preparados los textos, el orden de presentación de los mismos queda sometido a la concepción globalizadora de una continuidad temática y estilística. La transición entre cuentos adopta un ritmo regular, dando al lector la posibilidad de guiarse entre ellos como si fueran una unidad, en un viaje organizado en diez paradas y con vistas al ingenio literario de estos autores. En la breve descripción que sigue a continuación, podrá percibirse el sentido fluido de tal ordenación.

Nuestro recorrido comienza con un texto de Misel Fais, autor de tres excelentes novelas y de la antología Del mismo vaso y otras historias (1999). Por lo general, los textos de Misel Fais se caracterizan por el realismo del monólogo interno. En su temática la identidad, la historia -personal o étnica-, la diferencia, los vínculos sociales y familiares, la lucha interior, el silencio como ausencia de comunicación que conlleva a la soledad y la muerte -simbólica o verdadera- ocupan un lugar central. En “Tía Clara, muerta de risa” (cuento originariamente publicado en la antología mencionada), el protagonista recuerda unos escritos suyos de tiempos de la adolescencia. Época en la que vivía entre fantasías eróticasprotagonizadas por su tía Clara, mujer sorprendente y sensual. Tanto aquí como en el siguiente cuento, la escritura es un vehículo para deambular entre el delirio y la realidad impregnada de pasión. En ambos casos, el personaje central va adentrándose en las profundidades de su propia psicología para -desde allí- buscar alivio en el recuerdo y confesión de sus obsesiones; obsesiones que tras su aparente absurdo podrían eventualmente revelarse como signos de una insólita y conmovedora pureza.¡Oh, malvados demonios que, como gusanos, devoráis los libros!de Yorgis Yatromanolakis, el siguiente hito del itinerario, nos sumerge en una atmósfera bastante cercana a la de Fais. El protagonista se moldea a este clima de voluptuosidad hasta un punto enfermizo; enfermedad es la clave. ¿Será la intención del autor decir que cualquier enfermedad se instala en primera instancia en la mente, invadiendo el cuerpo desde esta posición? ¿O a la inversa, que si la mente se salva el cuerpo resiste? Esta última idea es explorada por Siranna Sateli en el cuarto cuento (que retomaremos en su momento), en el que la joven protagonista es presa de otra inexplicable obsesión por una mujer moribunda, y permanece a su lado día tras día, arriesgándose así al contagio.

            Yoryis Yatromanolakis es autor de cinco novelas, ganador de prestigiosas menciones (Premio Nacional de Narrativa 1983, Premio Nikos Kazantzakis 1982), profesor universitario de filología griega, materia en torno la cual ha publicado diversos tratados. Su obra literaria refleja un vivointerés por el carácter de la sociedad griega contemporánea y por la relación entre la conciencia humana y las leyes. Una de sus novelas más populares, titulada Inútil relato(1993), se basa en un acontecimiento que conmovió a la opinión pública del país durante largo tiempo: el asesinato de dos profesores de la Universidad de Creta a manos de un estudiante mentalmente desequilibrado. En otro registro, en su obra Eroticón (1995) ofrece una rica guía erótica, parafraseando en su estiloun dialecto cretense del siglo XVII. En el cuento seleccionado para esta antología, el erotismo y la perturbación psicológica se encuentran. Un hombre perseguido por la justicia escribe a su amada, describiéndole su enfermiza e intensa relación con los libros, las bibliotecas y los olores del papel. El relato arranca en el mismo despertar de su sexualidad, para finalmente desembocar enlos acontecimientos que le llevaron al aislamiento, y la búsqueda de refugio en la lectura del Apocalipsis: “{...}Invoco al Dios Altísimo, al Dios que tanto hace por mí. ¡Mande desde los cielos y me salve, confunda a los que me persiguen, envíe Dios su gracia y su verdad! Tendían ellos una red para mis pasos, abatieron mi alma, una fosa cavaban ante mí; ¡oh, caigan dentro de ella! A punto está mi corazón, oh Dios, mi corazón a punto; cantaré, tocaré para ti. ¡Alma mía, despierta!  ¡Despertad, arpa y cítara! {...}”

A continuación, en “La tierra vista desde la luna”, de Eugenio Aranitsis, un eremita se encuentra en una playa situada a las afueras de un pueblo de gentes humildes. Allí, con las manos extendidas en un inmóvil gesto de oración, espera a que llegue el Fin del Mundo. A través de sus muchos escritos, Aranitsis muestra una asombrosa capacidad para manejar el lenguaje con elegancia, ocultando bajo los pliegues de sus delicados velos lingüísticos inteligentes metáforas. La dimensión poética de sus textos puebla su universo literario de mundos oníricos, allanando el terreno para el realismo mágico del siguiente cuento. En “El aire de Anatolí”, como en casi toda la obra de Syranna Sateli, los personajes están ubicados permanentemente en un territorio fronterizo entre realidad y sueño; parten de la inocencia, y aprenden la dureza de la vida chocando con violencia contra un mundo de dramatismo que los marca a fondo pero no consigue deshacer su alma. “{...}La enfermedad, fuera la que fuese, se le comía el cuerpo, se lo iba succionando dejando la piel y el hueso y un poco menos, pero en su cabeza habitaba un enjambre de ideas y palabras como para iluminar incluso las tinieblas del Erebo y en aquella época encontró en mí un oído dispuesto y sensible para absorberlas[3]{...}”.

“...Su frente ardía, se estremeció con su tacto, lo sintió inmediatamente. Luego la madre le llevó la mano hasta el cuello. Fuego por todas partes. Aquel mármol apagado no se sabe cuánto fuego podía guardar. La vena del cuello no palpitaba, bailaba torpemente, endemoniada. Como si todo el movimiento del que carecía aquel cuerpo estuviera cargado en aquella vena...". Así nos habla Sotiris Dimitriou de una muchacha que vivió toda su vida inmóvil en una silla y sin pronunciar palabra. Se trata del cuento “La vena del cuello”, que da nombre a la antología griega en la que se vio publicado por primera vez. Con extraordinaria maestría, Dimitriou transmite la tensión en su expresión más extrema: vestida de silencio. Algo que hace recordar el poema de Odysseas Elytis “El analfabeto y la hermosa”[4], cuando revela:

“{...}Como si no comprendiese yo, analfabeto, que exactamente allí,

en la quietud absoluta, se oyen los más abominables estrépitos[5]

Los personajes de Dimitriou son diversos: marginales, campechanos, personas de sexualidad compleja, mujeres que vivieron situaciones extremas, gente de distintas generaciones que aprendió a sobrevivir por sus propios méritos. La mayoría de ellos tiene a sus espaldas una cruda historia personal, que sigue su curso en el escenario urbano de Atenas -ciudad caótica e impersonal- o en el paisaje rural de Hepiro.

En la siguiente narración, Ersi Sotiropoulos nos presenta a una pequeña llamada Nelly, que no sale de casa por miedo a “caerse de la tierra”. Así, permanece inmóvil en el balcón durante todo el día observando un nido de pájaros. En este cuento titulado “¿Hay alguien ahí?”, la autora se vuelve, como Dimitriou, hacia la inmovilización y el silencio como medios de desconexión de la vida y de pérdida en un mundo propio, hermético e inexplicable. No obstante, en “La vena del cuello” existe una vía de salida: el protagonista logra la comunicación con la chica. De igual modo en este cuento, Liosha, el novio de Galina, la inmigrante que cuida a Nelly, consigue abrir una fisura en su encierro, y la invita a salir de casa.  “{...}Colocó los pies sobre la mesa de centro y se puso las manos detrás del cuello. "Y dime..." se volvió a Nelly "¿quiénes son esos otros?

"Napia-colorada, Napia-de-gorrión, el Babosa, y Orejón" explicó Nelly. Eran los médicos que la trataban desde que había salido de la clínica.

"Me encargaré de ellos" dijo Liosha.

"Son caracoles con traje... un nubarrón de gusanos" dijo Nelly animada.

"Ya lo sé" dijo Liosha dándole la razón.

"¿Qué le estás diciendo?" se intranquilizó Galina.

"Iremos a buscarlos" dijo Liosha. Tenía los ojos brillantes. "Nelly y yo vamos... {...}".

Ersi Sotiropoulos ya se había mostrado en el pasado interesada por la frontera sutil entre realidad y fantasía (novela México –1988-). El mundo de la mujer enfrentado al machismo (encarnado ahora en Liosha) está también en el núcleo de sus preferencias temáticas. Sus personajes son tangibles, hablan y se comportan con naturalidad. Ersi Sotiropoulos reclama especialmente nuestro interés por los alientos de modernidad que animan sus escritos, y por la atracción que muestra hacia lo hispano (como se puede apreciar en las novelas México –1988- y Domando al monstruo –2003-).

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Al término de la antología volvemos a encontrarnos con un inmigrante, esta vez un griego residente en Alemania. “Un incendio a la japonesa” es, al igual que la mayoría de las obras de Antonis Sourounis, totalmente autobiográfica. Con una escritura sencilla pero densa, ágil y repleta de humor, el autor describe el día en que se incendió el edificio donde vivía. Sourounis es un maestro de la armoniosa coexistencia de cualidades aparentemente contrarias: el cinismo o autoironía y la profunda compasión, la dureza y la sensibilidad, el machismo y la pureza amorosa, etc. Sus protagonistas proceden de un entorno marginal. Sean jugadores profesionales de ruleta o marineros con inquietudes literarias, todos ellos son personas solitarias, pero de un denso pasado y fuerte carga sensual.

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Irini Pitsaki

Barcelona, Abril de 2004



[1]Merino, José María (prólogo), Neuman, Andrés (edición), “Pequeñas resistencias – Antología del nuevo cuento español”, Páginas de Espuma, 2002

[2]Al final de la antología se menciona su biografía y obra.

[3]Siranna Sateli, “El aire de Anatolí”.

[4]Elytis Odysseus, Antología General, -Biblioteca de los Premios Nobel – Ed. Altaya, Barcelona, 1995 (primera publicación Alianza Editorial, Madrid, 1989) Traducción: José Antonio Moreno Jurado.

[5]En este caso el traductor sustituye con “quietud absoluta” la “cima tranquila”, expresión escogida por él mismo en una publicación de Ediciones Júcar (1982). Tras consultar el original, se puede añadir una tercera versión del griego “akra sigalia”: “silencio extremo”

 

 

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